Mensaje Orlado Nº 12

La medianoche de los tiempos

Le dijeron los discípulos: Maestro, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él” (Juan 11).

 

Llega la pascua y en el norte argentino se encienden los rituales y fiestas, los adornos y procesiones con velas, música y pirotecnia. La industria turística se alimenta de la creencia como sucede año atrás año, y pasada la pascua, son otras vacaciones las que se apagan sin fructificar, llevando al hombre en un círculo en el que el tiempo se pierde sin aprendizajes.

Mientras tanto, las horas del día siguen su curso, el tiempo sigue su cauce, del mismo modo como Parravicini grafica, en el ocaso de los tiempos: “La hora diez, trae el comienzo del fin. La hora once el fin sin fin. La hora doce el fin del fin. ¡Hasta el principio!” (1972).

Es la hora del Hombre Nuevo, que trae desde su pensamiento la conexión espiritual con el centro de la galaxia, la Espiral Azul, el torbellino de Consciencia que brota de él mismo sin extinguirse jamás. El hombre que buscó hasta encontrar el libro y desatar sus sellos, el mismo libro que con su mano toma del lomo, señalando hacia adelante: es la llave para avanzar al Tercer Día o Cuarta Dimensión. Es por tanto, el Conocimiento Dorado que eleva el espíritu, fortifica la mente y hace que el hombre conquiste su propia alma. “Es peligroso escuchar y recibir y después  desechar, porque si alguna vez oísteis la parábola de los talentos, a ese tanto por ciento se os cobrará a cada uno cuanto ha recibido.Por esta razón os decimos buscad lo bueno, las cosas que elevan el alma fortifican el espíritu y estructuran la mente. Porque vosotros que recibís y que no guardáis, pierden la más bella oportunidad que se os brinda, la duda quebranta el espíritu y mata la mente…” (Mensaje Pleyadino).

El día avanza en esta Pascua del fin del siglo, que no es la que se celebra en un fin de semana de alcohol, chismes, comilonas o festejos, sino el proceso de Resurrección del hombre Nuevo que se da a partir del 21 de diciembre del año 2012.

El tiempo avanza, transcurre paso a paso y en las personas muchas preguntas siguen sin ser respondidas, carecen del conocimiento que la profecía anuncia llegando ahora. Las respuestas no llegan, siguen las dudas y cavilaciones, se desgasta la energía y se quebranta el espíritu. Pocos son los que aprovechan las valiosas horas, el tiempo precioso en que se pregona la Gran Verdad que llega al hombre humilde, el que supo escuchar, porque  “no todos los hombres pueden ser poseedores de esta riqueza, no todos los hombres pueden permanecer en ella”.

Porque eso mismo fue lo dicho por Jesús hace 2000 años, que no todos alcanzarían a ver la Verdad, “EL PREMIO DE LOS 7 PREMIOS”, aun en estas horas en que Parravicini dice que comienza a manifestarse en Latinoamérica: En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños” (Lucas 10).

Es en la hora final de la que habló Parravicini, la hora donde se entregan las vestiduras a los intrépidos, a los que persisten y se visten de amor. Tiempo que entrega el Conocimiento a quien realmente se hace merecedor de él, quien escucha humildemente, llega hasta el final, y ve sus pasos anteriores, sin deseo de volver a caminarlos en vano. Porque eso mismo fue lo dicho por Jesús, el Anciano de los Días, cuando puso en evidencia las vestiduras de los hombres: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad” (Marcos 13).

Y muchos pueden hablar en esta HORA, porque escucharon el mensaje como niños, fueron odres nuevos donde se colocaron las aguas de vida, mientras que los otros, cayados frente a los acontecimientos y sin frutos, rechazaron lo que les fue dado, se quedan mudos y se hacen sujeto tácito del carnaval que desfila con fuerza en estos últimos tiempos de humanidad, desbordada de emociones, vanidades y deseos de pasiones sin límites.

El Carnaval de la Hora Sexta

En la Pascua norteña se inician las procesiones, los ayunos y los pedidos de progreso al dios de la materia. Unas semanas atrás, sin embargo, la zona se vistió del Carne-a-Baal, donde las mismas personas que ahora en la pascua cargan la virgen, ayer se disfrazaban de demonios y se emborrachaban con el alcohol pagado, en esta ocasión, por los fondos del Gobierno Nacional.

Lo que antes era festividad por la cosecha y agradecimiento a la tierra, se convirtió en el deleite sensual y material, en días continuados de vicios y violaciones mentales y físicas de los cuerpos convertidos en objetos frenéticos que desfilan en las carrozas bendecidas por el agua bendita del párroco local. “Si la careta del perenne carnaval humano cayera, se vería el llanto, tristeza y hasta desesperación. Si ella cayera y los rostros se enfrentaran en sinceridad, se terminaría la reyerta diaria, el encono preconcebido, los dilemas por odios de clases, y hasta verían a Dios. Si la cereta perenne del carnaval humano cayera, el mundo sería mundo en consolación, porque si ello sucediera rodaría el mal que les disfraza y tiraniza. El mal que les enceguece y marea. El mal que les hunde y divierte, el mal que les llevará a la condenación.  Si la careta cayera, verían al justo en salvación y sabrían…” (BSP 1972).  

Son las tinieblas que comienzan a cubrir las mentes, a desbordarlas y conducirlas por los vagones de un tren que descarrila y que cae irremediablemente al abismo de la segunda muerte. Comienza la oscuridad, como se dijo en tiempos de Pascua hace 2000 años, para ser entendido hoy: “Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena” (Mateo 27). “Llega el mal a la Tierra; el 66 será clave del principio del final. Aprestaos que el tiempo es corto y la humanidad ciega”. (BSP 1937)

Es la profecía de Solari Parravicini la que grafica con claridad la oscuridad y tinieblas que llegan en la sexta hora sobre el hombre, cuando para la humanidad se inicia el tercer escalón-Día de Creación, que es este 21 de diciembre. A partir de allí, el mundo comienza a rodar hacia abajo, cae sin remedio, dejando la posibilidad de seguir subiendo hacia un nuevo estado de consciencia.  El mundo rueda hacia su tumba, en el momento de la Hora Sexta: “Hacia la muerte irá el mundo desde el 66, por no haber conocido al hermano vegetal, ni mineral, ni al pensante de la profunda tierra, ni al viajero interplanetario que anunciará el Caos y no se le comprenderá” (BSP Sin fecha)

La Hora Sexta que en el oriente marcó el momento de crucifixión del hombre.Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale!” (Juan 19).“El guerrear en Oriente sin descanso dará la pauta del final de finales el 66. El 66 el hombre se mirará en el espejo del final y querrá morir mas no podrá, la explosión llega a las Antillas y…” (BSP 1938).

Y la tribulación se inicia sobre las Américas, se extiende por 5 meses, sin dañar los cultivos ni los sembríos, ya que es el remanente final de la humanidad que debe preservarse para cuando la hambruna haga estragos sobre las poblaciones del mundo. 

Es la guerra en las Américas, cuando comienza el Caribe a incendiarse y a cubrir la tierra de penumbra bajo la hora sexta de la última Pascua que contempla la humanidad. “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mateo 27). “Sordomudo el mundo será en el 66, entonces en América latina se levantará el caos que luego se extenderá al mundo que no escuchó. Sucumbirá la humanidad en luchas”. (BSP 1935).

Pero es también La Hora del gran mensaje, como la profecía de los 9 tiempos marcó:Se revela en tiempo de guerra el Gran Mensaje”, a lo que Parravicini refuerza “La Nueva Cruzada comenzará en los humos. Tres serán y tres serán sus etapas: ¡Cruz Orlada! ¡Amor en Amor! ¡Y Cristo! (BSP 1972). De modo que comienza a ararse la tierra con fuerza en el momento que el mundo se incendia, como el gráfico de Parravicini lo muestra, cuando las personas que traen designio aran unidas la tierra, no se fragmentan porque traen un mismo pensamiento –Espiral y esa es su esencia y prueba de que pertenecen a la Eterna Verdad.

La Hora Sexta, tiempo donde lo mejor de la Humanidad comprende que antes solo fueron aguas amargas las que bebió, aguas de muerte del dios de Jacob, como quedó graficado en el símbolo de la Samaritana hace 2.000 años: “Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?  Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4).

Llega el tiempo de la Verdad del agua de vida, cuando la Humanidad toma consciencia de lo que está viviendo, descubre su amargura, y da el salto hacia las fuentes de Vida. Porque antes de eso fue solo vinagre lo que bebió el hombre de esta tierra, aguas de muerte y crucifixión en la cruz de los 4 poderes del mundo: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (Mateo 27).

Así con el vinagre del mundo se cierra la hora novena, la amargura de lo que parecía ser la Verdad y no lo era, porque sus conocimientos mantenían al hombre en la apatía, la ignorancia, el orgullo y el egoísmo, y es entonces a partir de la hora 10 que comienza a morir definitivamente el hombre viejo, deja de beber la cicuta del mundo, la amargura espiritual que es la muerte física expuesta en el símbolo de la Samaritana, y comienza la hora de la resurrección. Es la Verdad que también traen los Dos Testigos del Apocalipsis 11, los dos olivos que sacuden al mundo, lo agitan desde su base, como Parravicini grafica y expone en la Hora Diez: “¡Ruidos en los hombres!”.

“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora diez” (Juan 1).

Así llegan las horas finales del mundo, cuando unos pocos despiertan de su letargo, cuando el arar constante e incansable de los Justos, saca lo mejor de la tierra, hasta ese momento improductiva y estéril, como también el profeta Daniel expuso para el final de los tiempos “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados”. Llega la Hora de la Hora donde la Verdad hace que el hombre se reencuentre consigo mismo, cuando recupera y restituye la existencia del Creador en el interior de su ser. Mas la Hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren” (Juan 4).

Llega la Era Nueva de la Hora Doce, el Gran Parto Espiritual, corriendo como tiempos en el interior del hombre. Con ella llega a su fin la sumergida humanidad caduca, inservible, a la que debió borrársela definitivamente, para implantar al “hombre dios”, al hombre del futuro, hombre verdad. Sin el “ñoño” Amor, sin el tonto apego al prójimo, sin el mañana estúpido. ¡Tan pregonado! y sin el ayer caótico, para imponer… el yo, en ¡el hoy!” (BSP 1969).

La campana está tocando las doce. Ha llegado ya la medianoche de los tiempos. Las distintas eras son concebidas en el vientre de la naturaleza; son engen­dradas y nacen llenas de gloria cuando sale el sol, y cuando el sol de una era se pone, esa era se desintegra y muere” (Evangelio de Acuario).

 

Por los caminos del Inca

Desde las costas peruanas de desiertos incansables, los caminos se hacen cuesta arriba, trepan por los andes, hasta llegar al ombligo del antiguo mundo andino, la ciudad de las puertas del sol y del Tahuantinsuyo, la dormida Cusco.

Los turistas, al igual que unos años atrás, siguen recorriendo las calles y avenidas de esta ciudad donde se cruzan los trazos coloniales e incaicos. Así a la vista, aparece el Templo del Sol que sintetiza esa idea, mostrando las piedras de pulido perfecto por debajo, y encima el trabajo más rústico e imperfecto hecho después por orden de los españoles. La construcción incaica es tan compleja y misteriosa, que los túneles extensos  que unen varios kilómetros desde el Qorikancha hasta Sacsaihuaman, que viajan por debajo de la ciudad hasta destinos desconocidos, permanecen cerrados por orden de los religiosos locales. Tampoco sorprende ver en el Qorikancha, a varios israelíes midiendo el templo más importante del mundo andino, cuando cada día está más próxima la destrucción de la mezquita y la reconstrucción de su sucio tercer templo de Salomón. De modo, que el conocimiento utilizado en las construcciones sudamericanas es lo que vienen a buscar, en esta ocasión, los mismos judíos.

Tampoco sorprende que hoy podamos visitar el Qoricancha gracias al acuerdo suscripto entre el vaticano y el estado peruano, ya que este antiguo recinto es propiedad de la santa sede, y ya no de los habitantes de estas tierras. De modo que el verdadero nombre es el convento de Santo Domingo del Cusco, y el dinero para cubrir el costo de la entrada va a parar finalmente a las arcas de Roma.

Los trazos sobre Cusco muestran que la integración del mundo andino nunca llegó a darse, porque siguió prevaleciendo el sentimiento local. Los pueblos se identificaban con su pequeño núcleo y no tuvieron conciencia de ser parte del todo. La imposición tarde o temprano genera división, y esta como siempre es aprovechada por unos pocos, manteniendo y extendiendo cada vez más esa parcelación.

En el Templo del Sol, como vestigio de la antigua cultura que habitó estos andes, queda el dibujo realizado por Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamayhua, cronista indígena descendiente de los antiguos incas. La imagen, dibujada alrededor del año 1613, resume el esquema de la Cosmovisión andina del Qoricancha en la época incaica.

Así, arriba de todo, en la cabeza del ángulo, aparece la cruz de los cuatro elementos. Son también a la luz de la profecía, los cuatro custodios del centro, el trono donde se manifiestan las humanidades progenitoras del hombre terrestre: Alrededor del trono, había cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás” (Apocalipsis 4:6). Ojos que observan constantemente todo lo que sucede en nuestro planeta.

También aparece como mensaje central el Huevo Cuántico Original, como útero infinito de las creaciones universales. Con El Inti a su izquierda, constantemente representado como linaje del sol, y la luna a su derecha, como representación de las dos fuerzas, masculina y femenina que se unen en su esencia espiritual para dar forma al Huevo, como Pensamiento que se cristaliza en cascaron. De modo que allí sol y luna representan energía y fuerza espiritual, que lejos de la carne y la materia, dan luz el nuevo ser, que fusiona las cuatro Razas –cruz del Sur-, que aparece más abajo, como proyección del pensamiento de las Cuatro Criaturas-constelaciones del Apocalipsis 4, quienes dan cuerpo al humano de este planeta, extendiéndose como el Tahuantisuyu, que son los cuatro horizontes unidos ente sí, los cuatro puntos cardinales, Norte, Sur, Este y Oeste y las 4 razas originarias del planeta tierra. Dentro del Huevo, hacia la derecha, aparece el cristal-Cristo interior, corazón.

Debajo del Sol se muestra “Chazca”, en quechua “estrella crespa” o “estrella grande o brillante”, que designa al planeta Venus de la madrugada. Justamente, el planeta Venus en la cosmogonía Inca era sirviente y acompañante del sol.

Debajo de Venus aparece “Sucsu”, nombre dado a las “Pléyades”, estrellas a las cuales se les dedicaba una gran ceremonia porque ellas cuidaban las cosechas y las protegían de las heladas. De este modo se entiende lo dicho por los navieros azules a un contacto en la década del 70, cuando afirmaron con seguridad: Somos emisarios de las Pléyades, los mismos que les dimos instrucciones y conocimientos a los Incas y otras razas”.

Debajo de las Pléyades se hace presente “k´uychi en quechua “arco iris”, que justamente era emblema de la dinastía Inca. “He aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina (Cristal); y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda” (Apocalipsis  4).

A la izquierda del Arco Iris, aparece “Illapa choque illa” que significa “Luz de resplandor dorado”, se lo representa como el agua que se derramaba sobre la tierra desde la Vía Láctea (río celestial), que es el camino trazado por el Espíritu del Universo.

Por debajo del Arco Iris aflora CAMAC PACHA, en quechua “madre tierra” o “madre productora”, venerada en los Andes hasta hoy como Pachamama. De ella, a su vez, brotan las aguas que alimentan el espíritu del hombre, el río “Pilco mayo”, que en quechua significa “río de muchos colores”, símbolo mal interpretado por los investigadores ya que en su creencia lo suponen el cauce desaparecido de algún curso de agua. Estas son las aguas de Vida, las que elevan al hombre en su sabiduría, las que alimentan su Espíritu, aguas que son continuación en la tierra del río celestial desde el Centro de la Galaxia.

Por eso mismo, debajo de este río de aliento, aparece uno de los símbolos más importantes que nos muestra este esquema de Cosmovisión incaica. Elemento desconocido por los antropólogos e investigadores, quienes quedan consternados ante estos 7 círculos que por falta de conocimiento espiritual, no atisban a interpretar. Son los “Imaymana Ñaocoraycunap Ñauin” que en lengua quechua significan “ojos de todo género de cosas”. Los 7 ojos, templos del ser, que van por toda la tierra como memorias de aprendizaje de Consciencia, ojos que transitan por los caminos recogiendo la Verdad y desechando la injusticia. “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos” (Apocalipsis 5: 6). Éste es uno de los descubrimientos más grandes dentro de la cosmogonía incaica y con el paso del tiempo quedará en evidencia.

Así, el dibujo incaico nos lleva al Hombre y Mujer, por debajo de la cruz. Son las dos naturalezas del hombre, varón y hembra, las dos fuerzas que dan vida e identidad de encarnación en el sendero de aprendizaje.

A la derecha aparece “Mama Cocha”, el lago Titicaca, lugar de origen del hombre y de la antigua civilización que permanece escondida en lo profundo de sus aguas. De ella mana un manantial, “Pucyo”, que es el remanente de aquella cultura que desembocó en nuevas fuentes de agua de encarnaciones y de continuación de la Vida humana en el planeta.

Luego emerge el “Mallqui”, en quechua árbol, que es un elemento presente tanto en los andes sudamericanos como en la península de Yucatán. El árbol de la vida, y de la inmortalidad, el árbol de la resurrección y fin de la muerte. Camino por el cual unos pocos comienzan a transitar a partir de este 21 de diciembre de 2012.

Y al pie del dibujo, por último, aparece con forma de una red, “Collcampata”, que en quechua significa nuevamente la Constelación de las Pléyades, en este caso como enviados a sacar la mejor pesca de las aguas amargas. “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13).

 

A las Orillas del Titikaka

La Voz de la profecía nos lleva hasta la ciudad de Puno, donde el clima se hace frío y la humedad constante. Ahora, el lago Titicaca resalta más por los Uros que por su paisaje, ya que estos nativos en sus islas flotantes sirven de atracción inmejorable para los turistas que transitan aquella zona, visitando y escuchando sus canticos, en esta oportunidad en quechua, español y sorpresivamente hasta en ingles. 

Para sorpresa de puneños, un pintor argentino llamado Parravicini, ha hablado con insistencia del altiplano, de Sudamérica y de una antigua civilización hundida en el gran lago. El sentir espiritual es distinto aquí en las sierras que en la costa peruana, y la sorpresa en las personas es de una profecía que habla con insistencia de una fuerza desconocida, enorme, escondida en esta altas tierras de los andes peruanos-bolivianos.

Así el altiplano se respira, su oxigeno es bombeado en sístole y diástole por el corazón y transportado por la sangre hacia todas las extremidades del cuerpo. De modo que el corazón del hombre es impregnado con esa energía, con esa fuerza que agiganta el pecho en valentía, como también el himno argentino pareció describir. Y así, el sentir de muchos seres se conmueve en estas zonas aledañas a las arcaicas ruinas de Tiahuanaco, como ocurrió en 1811, en los albores de las revoluciones americanas, cuando el general Castelli partió desde Buenos Aires con una caravana de mulatos, indios y criollos, llevando la voz emancipadora al centro espiritual desde donde emergieron las culturas. Como quedó escrito en la pluma de Ricardo Rojas para que sobreviva al olvido al que fue supeditado este acontecimiento:

“Desde lo alto de aquellas rocas mutiladas, que fueron trono de la vieja dinastía y ara del viejo culto, proclamó Castelli, ante las tribus y legiones de la patria, la liberación del territorio y la igualdad de los Nuevos Hombres americanos que venían a continuar, en la historia, la interrumpida historia del indianismo.

La legión emancipadora, que a raíz de los sucesos de mayo partiera de Buenos Aires, hallábase un año después en la frontera norte del virreinato. Acampaba a la sazón en Laja, había jornadeado la vasta zona del Desaguadero, recibiendo en los pueblos el apoyo de los cabildos provinciales o la adhesión de los curacas bolivianos…

La proclamación de la igualdad argentina en las ruinas de Tiahuanaco es el acto más lleno de teatral indianismo que haya consignado la historia de nuestra emancipación. Eran aquellas ruinas el monumento más prestigioso de la arquitectura quechua. Los indios de las inmediaciones le atribuían una data preincaica y un origen divino (…) La triple muralla del Cusco construyéronla los Incas sucesores a imitación de los muros de Tiahuanaco; pero éstos fueron alzados por manos sobrenaturales en una sola noche.

En torno a aquellas ruinas se congregaron el 25 de mayo de 1811 las tribus y las legiones de la patria. Formaban la democrática legión, vestida de chiripas y armadas de tercerolas y lanzas, los gauchos, negros, cholos, mulatos, pelones de las campañas y artesanos de las ciudades. Y engrosaban la muchedumbre, encrespando los suaves collados, todos los pueblos montañeses que, al mando de sus curacas y caciques tradicionales, habían prestado acatamiento a la Junta de Buenos Aires. Convertidos al cristianismo pero indígenas puros en su mayoría, veían al representante como a un restaurador de la antigua vida indiana, pues no otra cosa significaba para ellos la revolución, al oírla alzada contra los amos extranjeros que asesinaron a Atahualpa. Bajo sus ponchos decorados por figuras geométricas al estilo de sus huacas arcaicas o sus piedras míticas, aquellos millares de indios traían sus hondas y sus chuzos para ofrecerlos a la revolución.

¿Acaso eran los indios en la simplicidad de su patriotismo territorial, los que mejor sentían la emoción de aquel instante y la sugestión de las ruinas cercanas inmóviles en su altura de gloria? (…) En medio del silencio que engrandecía a los hombres y las montañas, arrastrado por su lirismo, el representante del gobierno argentino libre proclamó la igualdad de los que allí lo oían”.

Por la zona, los nativos del Collao, decían que el pueblo Tiahuanaco estuvo en el centro del mundo, y que de esta civilización habían salido los hombres que comenzaron a poblar la tierra después del gran diluvio que estremeció al planeta. También es sabido de los hallazgos de huesos humanos de tamaños gigantes, y de la gran riqueza de joyas y oro que había en esta zona, incluso hasta la llegada de los españoles, quienes se encargaron de saquear hasta los mismos cimientos del valle donde descansan hoy las ruinas. En la actualidad las mejores piedras pulidas sirven de sustento a las casas de algunos pobladores y a la iglesia principal del pueblo. En el lugar, la cruz andina, la puerta del Sol y la estatua de Wiracocha sobresalen sobre el resto de las edificaciones, ésta última como representación material de la divinidad. El principio Creador, escapaba por su extrema grandeza a la percepción de los sentidos, ya que estaba presente en todas partes.

En tiempos de Wiracocha

Fue tiempo y tiempos atrás, antes de que los incas reinasen. Hacia mucho que las gentes esperaban la aparición del sol, padeciendo mucho por eso, y en el medio de sus plegarias y oraciones, emergió de los profundo del Lago una luz como el sol resplandeciente con el que todos se alegraron. Y luego de esto, hacia las partes del mediodía, apareció un hombre blanco, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneración, y este varón, que así vieron tenía gran poder, llamábanle Hacedor de Todas las Cosas Creadas, Principio de Ellas y Padre del Sol. Cuentan que dio ser a los hombres, animales y plantas, y que él fue obrando hacia al norte, haciendo todas esas maravillas, caminando por los andes hasta que nunca más lo volvieron a ver.

Viracocha dio ordenes a los hombres de cómo debían vivir. Cuentan que les hablaba amorosamente, con mucha mansedumbre, amonestando a las personas para que fuesen buenos y los unos a los otros no se hiciesen daño ni injuria, antes bien, amándose y que en todos los casos hubiese caridad.

También cuentan, que cuando Viracocha apareció primeramente, se enfrentó contra unos hombres y su señor que habían generado mucho daño, convirtiéndolos en piedra. A partir de ahí, Viracocha mandó a otros viracochas, que buscasen los hombres en las cuevas, montañas, ríos y cerros. Y así partieron estos viracochas, como mensajeros, llamando en cada lugar, así como llegaban, en voz alta: “Salid ustedes y poblad esta zona que está desierta, porque así Ticci Viracocha quien hizo el mundo, mandó que hiciesen”.

Y así como eran llamados, los hombres salían de sus guaridas y comenzaban a caminar al lugar asignado. Fue de ese modo que los viracochas iban por los caminos llamando y sacando a las gentes de las cuevas, manantiales y altas cumbres, y poblando la tierra hacia la parte donde el sol sale, mientras que otros viracochas hicieron lo mismo hacia la tierra del sol poniente.

En una oportunidad cuentan que unas gentes, a la llegada de viracocha, salieron con armas para matarlo, y éste hizo que cayera un fuego del cielo, el cual asustó a esos hombres que tiraron sus armas desechando la violencia, reconociendo a viracocha y atendiendo su llamado.

Cuentan, por último, que los viracochas tomaron dirección hacia el mar, caminando sobre las aguas como si fuese tierra, desapareciendo paulatinamente en el horizonte. Finalmente, en la zona cercana al Gran Lago regresó la calma, y sus misterios quedaron sumergidos nuevamente en las heladas aguas del altiplano y no se volvieron a sentir nuevos pasos sobre su superficie.

Pero hoy, desde el sur en esta Pascua, con el faro del Titikaka a la vista, varios son los que comienzan a caminar sobre las aguas de las naciones del mundo, sin hundirse en los pensamientos mundanos, sin dudas ni vacilaciones, porque toda duda que queda sin resolver, es hundirse de nuevo en las aguas profundas del programa 666. “Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14).

 

Caminos del Titikaka

(Abril del 2009)

 

Cuando los errores pasados,

son lágrimas de la noche.

Y los trazos sobre el lago,

son enigmas para los cielos.

 

Encontrarse con uno mismo,

es sonreír a la incertidumbre.

Así, dicen los amantes

de los caminos:

 

“Somos brotes de Eucaliptos,

injertos en otras tierras.

 

Parajes lejanos quedaron atrás;

Buscamos los nuevos para adornar.

 

Absorbemos la lluvia, el frío y el sol,

Perfumamos el alma con austeridad”

 

¡Árboles que caminan

arrastrando esos errores!

 

Cuando el camino se abra

y los pasos se distorsionen,

las equivocaciones pasadas

serán cortezas sobre los suelos.

 

Y los destinos cruzados

serán islas enfrentadas.

Allí, donde sol y luna

abracen el mismo cielo.

 

 

El Joven que camina con la mochila en su espalda

Desde la quebrada donde los bosques se visten de espinos

 Abril del 2012

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