Mensaje Orlado Nº 8

Paisajes Nevados

En la cordillera el aire se enrarece y se enfría. El paisaje hasta hacía minutos radiante y soleado ahora cambia. De pronto las nubes que antes viajaban aisladas se ponen de acuerdo y lo cubren todo: comienzan a gotear tímidamente. Y lo que era lluvia en un principio se convierte en una delicada nieve que cae con suavidad.

Pasa el tiempo, caen y caen más copos, tan livianos y dóciles, que el que no conoce el camino se deja llevar por su ternura e inocencia. Error grave para él, porque la nieve se acumula en los árboles, en los techos, en el camino, convirtiéndose en un peligro para el que se confía de la quietud de tal paisaje.  

Así los copos son como pensamientos que se muestran blancos e inocentes a la vista, pero al tacto son fríos y congelan. Al principio se los subestima, pero hasta los árboles más fuertes quedan desamparados cuando la nieve se acumula en sus copas; y muchos se quiebran, no resisten la pesadez de cientos de kilos de nieve, se llenan de dudas y caen rendidos.

También en estos lugares nos llegan historias de muchos hombres que pierden la vida en sus casas cuando los atrapa el temporal. Así, cometen el error de dormir en su comodidad, creyendo que el frio nunca los alcanzará; pero el frío llega, se va apoderando de su hogar mientras ellos se quedan duros sin hacer nada, sin poder moverse de sus lugares a causa de esa nieve. Allí permanecen petrificados a la espera de que algún rayo del sol los ayude derritiendo el hielo, o que el tiempo vuelva a ser como era antes y pierden el tiempo que podrían haber aprovechado para levantarse de ese estado y supervivir a la tormenta.

Otros han vivido situaciones más duras por estos lados. Estando en la ruta, nos señalan lo que aconteció en este lugar hace unas décadas a un equipo de rugby que viajaba a Chile. El piloto se confió en su vuelo, y chocó contra las montañas más altas de América. Los sobrevivientes esperaron en vano el rescate que nunca llegó. Y el frío y el hambre comenzó a acosarlos. Así, hombres que se consideraban tan fuertes y enérgicos en su deporte, perdieron su fuerza y recurrieron a lo más bajo para sobrevivir. Se convirtieron en caníbales, devorándose unos a otros, como recurso para mantenerse con vida en la frialdad de las nieves eternas. Ese drama quedó reflejado en la película que hoy se conoce como “¡Viven!: el accidente de los andes”.

En la ruta el camión que nos lleva a nuestro próximo destino nos dice conocer el sendero. Pero tampoco puede confiarse mucho, ya que unos kilómetros más adelante aparece la muestra de tal error. En el inhóspito camino, un camión aparece volcado luego de trastabillar en el hielo. Resbala perdiendo el producto que le costó meses de trabajo conseguirlo, y queda al costado de la ruta esperando que alguien lo venga a rescatar. No son pocos los que en esta senda, se confían de sus dotes y sus maniobras, y frente a un cambio inesperado sus reflejos no responden y se accidentan. Por eso, haber viajado antes no es seguro de nada. Los caminos varían, cambian con el clima y el viento; así como también varía el cansancio, el estrés o la edad del que maneja. La clave aquí no radica en el camino, sino más bien pasa por otro lado. Conocerse a si mismo es conocer bien el camino.

Así lo entendemos mientras dialogamos y compartimos unos mates con el camionero que nos lleva. Con él hacemos cerca de 1.000 kilómetros por caminos sinuosos y cambiantes. El paisaje por momentos se cubre de nieve y hielo; por momentos se vuelve seco y despejado. La conversación es fluida y se va por muchos lados; a veces se estanca y predomina el silencio. Y cuando nos aceramos a las cimas más altas de América, algo en el cielo nos deslumbra.

Es un punto negro que se agranda planeando en el azul del cielo. Nos acercamos a él y él a nosotros, así su figura se va aclarando y nos muestra el esplendor de su tamaño. Es el rey de las alturas, el cóndor, que pronto acomoda sus 3 metros y medio de envergadura y vuela a la par nuestra, casi como si acompañara nuestro curso.

Nos detenemos a contemplarlo. No agita las alas, son como velas al viento y se mueve así con los elementos como si fueran una extensión de su cuerpo. Enseguida aparece su pareja y como dos fuerzas que se unen, levantan vuelo, elevándose por encima de las cúpulas nevadas.

Y aparece el símbolo del majestuoso alado, como se señala en la profecía del “Águila, el tigre y el cóndor” (dictada hace 40 años en Colombia), en el preciso momento en que se nos advierte “el tigre está saliendo de sus dominios. Hambriento se pasea como señor de su medio, en la selva, en la montaña, percibe su presa, su víctima, se prepara cautelosamente…”

El tigre chino comienza a despertar su apetito, y su estomago se siente en las tierras del cóndor. Las profecías advierten, se cumplen, el tigre se prepara y comienzan a asomarse sus incipientes garras:

“Los últimos valles de clima templado del Cono Sur aún sin explotar, rociados por el agua pura del Río Negro, perderán su virginidad: ahora los pondrán a parir toneladas de cereales, que no serán para alimentar a los argentinos con necesidades básicas insatisfechas, sino que partirán hacia China durante los próximos 20 años. Es lo que acaban de pactar, bajo polémicas condiciones y sin aval legislativo, el gobierno de Río Negro y una gigantesca empresa estatal china: la concesión de 330.000 hectáreas a cambio de 1.500 millones en inversiones”. (http://www.clarin.com/zona/Recursos-Extranjeros-tierras-produccion-alimentos_0_544145779.html).

 “…agazapado, espera, espera y espera; afila sus garras, fortalece sus músculos. Se despierta el hambre y se despierta la fiera”. Así, Parravicini también lo advirtió en sus gráficos, y China ya es desborde invasor en América latina. Firmas chinas explotan latifundios en Santa Fe y construyen un puerto en Rosario para llevarse su soja”.

“Con sus fuertes colmillos e incisivos terriblemente afilados, destaza a su víctima, sacia su hambre y deja lo demás a las hienas y coyotes que se disputan las sobras de su presa”. “Ahora, el suelo argentino es demandado desde distintos países, como Arabia Saudita, que acaba de asegurarse la explotación de 30.000 hectáreas en el Chaco, con posibilidad de extenderse a 200.000 en total en la zona de El Impenetrable, una región de monte nativo en la llanura provincial. A cambio, el grupo árabe Al Khoraref pondrá 400 millones de dólares y se quedará con la producción, para un plan de seguridad alimentaria en su país”.

Y no es solo argentina porque América latina, como el cóndor, “tiene nido… tiene alimento…”como Parravicini también lo advirtió en sus gráficos: “China será el principio del desborde invasor a Latinoamérica” (BSP 1938).

Pero en las tierras del sur, de la mano del cóndor, “aparece la Fuerza Vivificadora del mundo, el pilar del hombre, la Energía Inmutable…Los Escogidos la llevan…” (9 T).

Aparecen remontando la tormenta sobre el arco iris, renovando la vida donde no la hay, cubriendo con sus alas los vastos territorios de América latina, los mismos hombres que aparecen en las profecías de los indios Lakota en tierras del águila. 

Los guerreros del Arco Iris, son los que tienen de cómplice al mar y la tierra, los elementos y en ellos, está el Huracán de la resurrección. Son la fuerza del cóndor que no descuida su nido…

 

Los Guerreros del Arco Iris

“Llegará el día en que la codicia del hombre blanco, del Yo-ne-gi, hará que los peces mueran en las corrientes de los ríos, que las aves caigan de los cielos, que las aguas ennegrezcan y los árboles ya no puedan tenerse en pie. Y la humanidad, como la conozco, dejará de existir.

Llegará el día en que algunas personas despierten de su letargo para forjar un Mundo Nuevo de justicia, de paz, de libertad y de respeto por el Gran Espíritu. Ellos serán la clave para la supervivencia de la humanidad, y serán conocidos como “LOS GUERREROS DEL ARCO IRIS“. Los Guerreros del Arco Iris transmitirán el mensaje, para difundir sus conocimientos a los habitantes de la Tierra.

Las tareas que les esperan serán muchas y mayúsculas. Habrá enormes montañas de ignorancia que será necesario vencer; se enfrentarán contra prejuicios y odios. Tendrán que ser dedicados, firmes en su fortaleza y tenaces de corazón.

Ese día llegará pronto, ya no está lejos. Y una vez más renacerá la alegría de estar en compañía, como también en la soledad. Estarán libres de envidias mezquinas, y amarán a sus semejantes como a sus hermanos, sin importar el color de su piel, su raza o su religión. Sentirán cómo la felicidad inunda sus corazones mientras se vuelven cada uno con el resto de la creación. Sus corazones serán puros e irradiarán calidez, comprensión y respeto por la humanidad, por la naturaleza y por el Gran Espíritu.

Los ríos fluirán limpios otra vez, los bosques serán abundantes y llenos de hermosura, y otra vez habrá aves y animales sin número” (Profecía Lakota).

Y llegan los guerreros del Arco Iris, bañando la tierra de ríos limpios, de aguas de vida que brotan desde su interno. Atemperándose en los elementos, forjándose en cada paso, en cada palabra que sale de su espíritu para irradiar de Verdad al hermano. De espíritus fuertes, que ningún puñal, ni daga, ni arma, ni ballesta, ni lanza, logra dañarlos ni opacar la fuerza de su corazón. Son los guerreros Orlados del Arco Iris, que llegan a Latinoamérica, que aparecen y vuelan como cóndores porque “cerca están ya los aciagos días -donde- el hombre buscará en protestas.Tú –Guerrero del Arco Iris- debes enseñar, con el canto en el corazón pleno de agradecimiento”(BSP 1967).

Llegan aprendiendo y enseñando. Luchando contra chismes, ataques y prejuicios. Llegan con su mirada serena cuando la ofensa llega. Llegan blandiendo el futuro como su mejor arma. Llegan, porque los días se acortan, se abrevian y la sequía se alarga:

“Dad presto a beber al sediento. El balde es en frescor de vida. El apagará la sed. El justo aguarda. ¡Grítalo! ¡Grítalo! No habrá ya más tiempo. La bondad infinita del Padre permitirá aún, en el postrer instante, ver al que lloró. Repítelo: ¨El día del SEÑOR vendrá como un ladrón…¨” (BSP 1967)

Así, llegan con los 3 humos, subiendo la dura pendiente los guerreros de la verdad Orlada. Van en búsqueda del Arco Iris que continua a cualquier tormenta. Se preparan arduamente para subir la cuesta, que no es fácil ni sencilla. Su mapa es su propio corazón en la mano, que marca los 4 horizontes donde la verdad y la esperanza deben llegar. Van con su brújula interna por el camino pedregoso, donde la misma piedra que les sirve de descanso en el día, se convierte en tropiezo cuando la noche llega. Pero son guerreros que se vuelven a levantar de cualquier caída,  porque son esas piedras las que van forjando al Orlado en su peregrinaje final. “Hermanos: llega el camino pedregoso. El mundo le caminará en quejidos sin observar que será el quejido en el mañana… ¡Canto!” (BSP 1972)

Por eso los guerreros Orlados deberán vencer el apego a la tierra donde viven, el apego al lugar que los vio crecer. Ellos, los caminantes de arco iris, deberán saber con su verdadera experiencia, que en este tiempo no hay tierra más preciada que la del polvo del camino en sus pies.

Y son pocos los que ven ahora la gran oportunidad que les da el designio de caminar por el árido. Al sur, son varios cóndores los que hoy vuelan en el cielo con dirección norte. Con ellos llega el Gran Cóndor de la redención al sur del continente, llega a la Argentina, como también la profecía habló hace 75 años:“El pájaro celeste de pecho blanco se posará en la argentada tierra salvada y cuidada por Dios. ¡Llegará el Reconstructor!” (BSP 1936).

Agosto del 2011,

En las cercanías de la majestuosa altura del Aconcagua,

sobre los 6.962 mts.

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